martes, 6 de enero de 2015

Jane Eyre



Protagonista de la novela de su nombre, de Charlotte Brontë (1816-1855), publicada bajo el pseudónimo de Currer Bell.

Esta muchacha, que considera «una desgracia el ser tan pequeña y tan pálida, y el tener unos rasgos tan marcados e irregulares», entró en 1847 en el mundo de la «fiction» y creó, pese a su tímido aspecto, una impresión desproporcionada a sus escasos atractivos físicos.

Jane es una huérfana que conoce el egoísmo de los parientes ricos y la dureza de los institutos de beneficencia de su época.

A los 18 años sale del colegio, donde ha pasado de alumna a maestra, para emprender la única carrera que por entonces estaba abierta a las mujeres: la de la enseñanza.

Y al ocupar su primer empleo se enamora y es correspondida por su jefe (Rochester) y, tras no pocas peripecias que la autora supo imaginar para halagar el gusto de sus lectores y retrasar las bodas por algunos centenares de páginas, se casa con él cuando una herencia viene a libertarla de su pobreza y Rochester, que se ha vuelto ciego, es menos rico que antes.

La trama, por consiguiente, no tiene nada de peregrino ni de absurdo y está embebida de ingenuidades de novela «negra»; pero Jane vive en el tiempo porque es un personaje «vivo». Vivo en el espíritu y en la carne, ardiente y rebelde, profundamente religiosa pero dispuesta a denunciar la gazmoñería farisaica y la hipocresía de las convenciones que ella misma acepta al sacrificar su pasión al honor, pero sólo por virtud.

Mucho antes que Nora, Jane Eyre declara: «Yo no soy ningún pajarillo y no hay red que me pueda cazar; soy una libre criatura humana dotada de voluntad independiente». Y, refiriéndose a su principal: «Yo no creo, señor, que tengáis derecho a mandarme... vuestra eventual superioridad depende únicamente del uso que habéis hecho de vuestro tiempo y de vuestra experiencia».

Y así, cuando Jane ama, no vacila en decirlo ni en confiar al papel, con un absoluto abandono típicamente romántico, sus impresiones, sentimientos, deseos y penas; más o menos los mismos de Charlotte Brontë, que proyecta en Jane Eyre buena parte de su personalidad, forjando para ella el destino y el amor romántico que la vida le había negado.

L. Krasnik


(Texto copiado del Diccionario Literario [Tomo XI], de González Porto-Bompiani).


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